Los cholos no comen “Dunkin’ Donuts”

¿Cómo empezar a escribir acerca del racismo?, se me hace difícil hablar en el año 2009 de “racismo” cuando el Presidente de una de las naciones más grandes del mundo se encuentra gobernada por “OBAMA”, el primer presidente negro de los Estados Unidos de Norteamérica.
El mundo ha demostrado que está compuesto por un conjunto de razas diferentes, como blancos, negros, amarillos, rubios, crespos, lacios, indios, mestizos, etc. “Todas las sangres”, como diría PIERO en alguna canción de ese CD titulado “Todas las Voces Todas” publicado alguna vez con el Diario “La República” y que aún debo guardar en alguno de mis cajones o cajitas de zapato en las que guardo mis recuerdos de adolescente, o tal vez no.
Que difícil hablar de racismo, a estas alturas de la vida y de la historia de la vida, sin embargo existe, y existe más en un país como el nuestro en el que la mayoría somos “Cholos”; aun cuando todavía no sé exactamente el significado de esa palabra.
La Constitución Política del Perú en su artículo 2º garantiza el derecho a la Igualdad, es decir, “Todos somos iguales para la Ley”, Incluso la Santa Iglesia Católica nos enseña siempre que todos somos “iguales”, frase que hemos escuchado muchas veces en el Colegio y cuando vamos a misa. Sin embargo; ¿en realidad somos todos iguales?; ¿no es verdad que en el Poder Judicial, el que tiene dinero o poder puede salir impune salvo raras excepciones?; ¿acaso no es verdad que existen niños que estudian en colegios nacionales y otros en colegios particulares?; o ¿acaso no es verdad que a algunos nos alcanza para la comida y a otros les alcanza para comer en países diferentes en un mismo día?, en fin; ¿la igualdad tiene que ver con el racismo?, la verdad, no lo sé.
La discriminación; es en suma el mismo problema, que sin ser racista, puede explicar la respuesta a las preguntas del párrafo anterior, pues tal vez, no es solo cuestión de raza, sino de posición social, de educación, de cultura, y hasta de complejo, etc. Las personas discriminan por cualquier cosa, hasta el más pobre discrimina, el hincha de la “U” se cree mejor que el del “Alianza” porque los de alianza son negros y los de la U supuestamente y entre comillas son “blanquitos”, sin embargo, conozco negros, bien negros que son hinchas de la U.
Y los Aymaras que creen que su cultura es mucho mejor que las demás, disque porque desciende de los Incas (sangre real) en fin, la verdad que éste tema es muy profundo, pero de él hay que analizar aquello que está más cerca de nosotros.
Mi hijo se llama Samuel, estudia desde que tenía un año y 11 meses de edad, fue mi primer hijo y por ello queríamos darle todo lo que teníamos y lo que no teníamos también; queríamos darle las oportunidades que “supuestamente” nosotros no tuvimos. Así que la educación era una de nuestras prioridades. Empezamos desde que estaba en el vientre, exponiéndolo a Música selecta y otra no tanto, a contarle cuentos y hablarle como si ya estuviese entre nosotros, y cuando nació mostrarle videos educativos, y música educativa; no sé, si fue por toda esa estimulación, pero antes de que tuviera un año, el ya estaba de pie y hablando como un viejito en miniatura, se dejaba entender muy bien, así que lo pusimos en un PIET, (programa de estimulación temprana), por supuesto diseñado y pagado por el Estado, allí las profesoras no eran profesoras, algunas eran estudiantes de educación inicial y otras estudiaban para auxiliares de educación en alguna academia. Por su labor el Estado les pagaba una propina que no llegaba a los doscientos nuevos soles mensuales; tenían a los niños desde las 9 de la mañana hasta las 12 del día, por alguna razón sentíamos que nuestro hijo era el más lindo del salón, el más inteligente y el mejor vestido, hasta cierto punto nos sentíamos desubicados, y tal vez él también se sentía así, aunque nunca me lo dijo, por ello decidimos averiguar acerca de otras cunas; nos parecía que Samuel no estaba listo para un colegio, así que nos dio por averiguar “CUNAS PARA BEBES” o “CENTROS DE ESTIMULACION TEMPRANA”, encontramos algunos, pero no nos satisfacían, algunos por precio y otras por infraestructura, hasta que un día mientras paseábamos por el Parque Perú, que es la Feria anual que se realiza en Tacna, vimos unas fotos que nos llamaron la atención, un señor gordito y bonachón con poco pelo, nos informó y nos trató con mucho cariño y estaba acompañada de una mujer de edad mediana, rubia y muy amable, quien nos dijo que era la Directora y quien también nos explicó con lujo de detalles las bondades de su Colegio, así que decidimos cambiarlo.
El Colegio nos había cambiado de “status”, esta vez ya nuestro hijo no era el más bello o el mejor vestido, todos vestían lindo, y su mejor amiguita era una rubiecita de ojos verdes, muy linda. En la primera reunión de Padres nos hicimos amigos de la Profesora que se hacía llamar “Tía”: “la Tía Rosa” y de la mayoría de padres de familia, que más bien eran pocos.
Nuestro hijo, ésta vez, era uno de los más pequeños y por su locuacidad y su forma de hablar se convirtió en el engreído de la Tía Rosita, junto a esta pequeña rubia, cuya mamá era súper relajada y gritona pero buena gente; y con la que también hicimos buena química mi esposa y yo.
Se quedo hasta terminar el año escolar, aun tenía dos años, pero los había cumplido en julio, así que teníamos dudas sobre si debía hacer otra vez el programa de dos años o debía pasar al de 3 años cuando aún tenía 2 años. Era mucha la duda e indecisión, también sobre si debía quedarse en ese colegio o debía ir a otro aún mejor, así que nuestra búsqueda se inicio de nuevo. Cada Colegio que visitábamos tenía algún defecto, ya sea por infraestructura o precio, y hasta “por la gente”, ¿nos estábamos volviendo racistas con nuestro hijo?; pensábamos en el futuro, queríamos darle la mejor educación a Samuel y eso en Tacna según nuestro absoluto criterio sería solo en dos Colegios, el primero un Colegio Parroquial que tiene la fama de ser el mejor colegio de Tacna que era el Colegio “Cristo Rey”, y el segundo; uno Particular que tiene la fama de ser exigente y eminentemente científico y que ha ido ganando fama en los últimos años por la exigencia de su Director y Promotor; que el Colegio “Humboldt”, sin el ánimo de publicitar ninguno de ellos, pero para poder asistir a alguna de esas Instituciones necesitaba una buena base, por eso fue que decidimos cambiarlo al Jardín “Niño Jesús”, pues habíamos averiguado que de allí salían la mayoría de estudiantes del Colegio Cristo Rey y de los mejores colegios de Tacna, en realidad es una Institución pequeña, no tiene jardines, pero contrasta con la exigencia escolar.
En la primera reunión de padres de familia nos pudimos percatar que había un común denominador en la mayoría de los padres: “todos tenían dinero”, y había que tenerlo para poder pagar la cuota que exigían, entonces me di cuenta de eso de las clases sociales (alta, baja y la clase media), ¿dónde me debo ubicar?; ¿me van a discriminar por eso?; ¿mi hijo sufrirá algún tipo de discriminación? Puedo decir sin temor a equivocarme que lo primero que sentí fue “racismo”, mi piel no es blanca como la leche, o rosadita, como he escuchado a alguna cucufata; es más bien “común”, mestiza y por ello, el promotor del colegio le puso “chapas” a mi hijo, las cuales no diré, pues todo escrito tiende a leerse en el futuro. Sin embargo, en cuestión de razas, este era un buen colegio peruano, todas las razas estaban en ese salón de clases, desde los más blancos hasta los más oscuros, pero eso sí, todos tenían “dinero”. Todos menos yo.
Habíamos pasado a un lugar diferente, extraño, nuevo… Mi padre entonces cada vez que almorzábamos con él, le decía a Samuel, que ese no era un colegio de “cholos”, que nosotros somos “gente fina” y que debía portarse bien porque si no lo iban a votar del Colegio. Entonces cada vez que se portaba mal, o hacia algún berrinche le decía, - ¡¡¡ Te estás comportando como un cholo!!!, ¡¡¡ no pareces un estudiante del Niño Jesús!!!. Lo peor es que ni siquiera nos dábamos cuenta, si escribo esto, es porque me acabo de dar cuenta hace solo unos días que estábamos dándole un mala información a nuestro hijo, y que lo que mi padre decía, era racista y discriminatorio, y que nuestra actitud también es racista y discriminatoria, y que la educación de mi hijo se estaba perdiendo por culpa de nosotros mismos.
Hoy mi hijo tiene 4 años, y ah ingresado al programa de inicial de 5 años en el Colegio Cristo Rey, estoy muy orgulloso de él, pero me siento muy preocupado por ese racismo que muestra frente a los indígenas, y que seguramente muestro yo, sin darme cuenta, o mi esposa, pero que definitivamente si muestran mis padres.
La cosa explotó hace algunos días cuando mi Hermano llegó de Lima en avión y había traído una cajita de DUNKIN DONUTS para la familia, en realidad trajo dos, una para la casa de mis padres donde se alojo, y otra para mi casa, pero obviamente pensando en Samuel. Apenas vio la caja, él sabía lo que eran, y me pidió probarlas; al llegar a casa le di, pero poco a poco,- le dije -pues son demasiado dulces para comérselos todos en un solo instante; además, todos queríamos darles un mordisco a esas donas, incluyendo la chica que vive con nosotros y que ayuda con la limpieza de la casa, así que no dude un solo instante y partí una para ambos, un pedazo para mi hijo, y otro para Yaneth. Yaneth se puso contenta, lo note en su mirada y recibió la mitad de la “Dunkin Donuts”, al tiempo que Samuel se tiraba al piso gritando a voz en cuello: “Nooo, no le des a ella… Los cholos no comen Dunkin Donuts”. La niña bajó la mirada como ofendida, y Samuel seguía en el piso llorando de verdad, con ese sentimiento con el que solo puede llorar un niño, con esa inocencia ciega, totalmente seguro que sus palabras estaban cargadas de verdad; Mire a mi esposa y ella me quedo mirando y nos dijimos mil palabras sin mencionar ninguna, ambos sabíamos que algo andaba mal. Levante a Samuel del piso gritando a voz en cuello que todos somos iguales, todos somos cholos, y que cualquiera puede comer Dunkin Donuts,” Todos somos seres humanos” y que si seguía con esa actitud le daríamos todas a Yaneth; Samuel se calmo a medias, enojado por las circunstancias, sabía que teníamos el poder de quitarle todo, y no quiso perderlo, luego de unos minutos, más calmado, me volvió a repetir su frase, con voz triste; “Papá, es que de verdad… los cholos no comen Dunkin Donuts” y aproveche para enseñarle que tanto Yaneth como yo, éramos igualmente humanos y lo entendió, cuando use ejemplos claros, al día siguiente, fue a almorzar con mi Padre y sin que nadie le diga nada afirmó a mitad de la mesa - Abuelito, todos somos iguales, no existen ni chorlos ni gente fina, ni nada - a lo que mi Padre contestó en tono de broma, - Ah, ósea que tu eres chorlo, bueno allá tu, porque yo soy gente fina - Y Samuel afirmó otra vez muy convencido; - Yo también soy gente fina abuelo, pero mi Papá y mi Mamá son chorlos. Y todos reímos a unísono por la ocurrencia… Seguiré tratando de educar lo mejor posible a mi hijo.




Yo no soy racista, para mí todos los cholos son iguales