[Estos relatos de la vida diaria] COMO NEGAR LA EXISTENCIA DE DIOS (Parte 2)

Llegue a la esquina de mi casa, bajé del ómnibus azul y rojo, y casi me caigo por distraído, me recuperé y empecé a avanzar lento, sin ganas, o más bien con ganas de vengarme, vengarme de Dios. Entré y fui directo al nacimiento, mientras me acercaba veía las luces, la estrella de Belén pegada en la pared, yo mismo había armado ese nacimiento, y cuando estuve lo suficientemente cerca lo vi, la estatuilla del niño Jesús debajo de un mantelito bordado, saque el mantelito y lo vi, mis ojos se volvieron a llenar de lagrimas y cólera, lo tome en mis manos, y le hablé como si lo conociera, lo odie, le dije lo mal que me sentía y que me había defraudado, - tu no existes más para mi, desde hoy no creo más en Dios -
, y mientras gritaba eso, lo tire contra la pared con toda la fuerza que podría tener un niño de esa edad, y lo vi partirse en mil pedazos. El Impacto provocó sonoro estruendo en toda la casa, así que todos vinieron pronto hasta donde yo estaba, Mi mamá, mi hermano y la empleada, todos absortos con la escena, verme a mí parado frente a aquella pared, y en el suelo los resto del que debía nacer en algunas horas más, ese fue casi un aborto espiritual, me había convertido en un HERODES; mi hermano me llamó así, y se rió de mí, lo que me dio aún más cólera, mi madre le llamó la atención y me llamó a un lado para conversar conmigo, pero en su rostro estaba una mirada socarrona, como quien ve a un niñito malcriando haciendo berrinche, y en ese estado me trato de explicar que cualquier cosa que haya pasado no era culpa de Dios, aunque noté en su voz que tampoco estaba muy segura de lo que decía, al poco tiempo de aquel día, escuche a mi madre decir que Dios no existe, ¿mi vida cambió?; no; mi vida seguía siendo la misma, solo que ya no escribía canciones para Dios, y los poemas fantaseaban con una de las pocas niñas que había en el colegio, se llenaron de lujuria y apasionamiento, pronto llegó el día de mi primera enamorada, que ocupará seguramente otro relato en este blog. Así pasaron los años, terminé el colegio e ingresé a la Universidad, y cada vez que alguien hablaba de Dios, lo refutaba inmediatamente, me había vuelto un experto en otorgar razones para explicar la inexistencia de Dios, respetaba a Juan Pablo II, pero no porque fuera el Papa, sino porque lo consideraba un buen hombre, pero nunca lo creí Santo, hay gente buena en éste mundo, y también hay gente mala, no necesariamente porque tengan que ver con Dios, jamás iba a Misa, pese a que había hecho mi Primera Comunión, no había hecho, ni me interesaba hacer mi Confirmación, aunque muchos niños de mi colegio si lo habían hecho, no visité nunca más a mi Padrino de Bautizo y de mi madrina, había olvidado hasta el nombre, me hacía llamar “Ateo”, cada vez que podía, afirmaba siempre que Dios no existe, y realmente tenía todas las razones para predicar su inexistencia; en la Universidad, parte de la curricula en Estudios Generales era el Curso de TEOLOGIA, con el Padrecito Efraín Zanga; – jamás lo olvido -. El primer día de clases, se presentó y pidió que se pararan los católicos, y luego de sentarse estos, pidió que se pusieran de pie los que profesaban otro culto o religión, y se pararon algunos, mientras que mi compañero y yo seguíamos sentados, habló con cada uno de los que profesaban otra religión distinta de la católica y le indicó que iba a respetar su culto, y cuando terminó de hablar con cada uno de ellos volvió la mirada ante nosotros, que extrañamente nos habíamos sentado juntos, debo indicar que además de mi, había otro sentado también muy cerca, que no se había parado ninguna vez, su mirada achinada y rojiza, su nariz aguileña, su cabello lacio y corto sometido con gel en los costados, jeans y casaca de cuero negra, imponente, absolutamente seguro de sí mismo, tenía la pinta de un drogadicto en motocicleta y nosotros dos, - pónganse de pie -, nos dijo sorprendido y agregó; - Ustedes no se han puesto de pie ni una sola vez, ¿pueden decirme por qué? - Nos mirábamos y sonreímos, con una sonrisa cómplice, y el otro chico de casaca negra se apresuró a decir, muy seguro de mi mismo y riéndose -“es que somos Ateos pues, no creemos en nada”- Los tres sonreímos; y afirmamos lo mismo, todo el salón se reía. La cara del Padre Zanga, se lleno de una extraña felicidad e inmediatamente, como si las palabras se salieran de su boca dijo, - les tengo un trabajito especial para ustedes; Ustedes se van a encargar de lo siguiente: van a hacer un trabajo monográfico y van a preparar la exposición acerca de “Las pruebas de la existencia de Dios”, deberán leer a Santo Tomas de Aquino;- ¿No deberíamos recibir el mismo trato de aquellos que profesaban otra religión?, al fin y al cabo no profesamos la religión católica, porque nosotros si debíamos hacer un trabajo monográfico, y sobre todo sobre lo contrario a lo que creíamos, nos pareció injusto, y para colmo de males teníamos que hacer grupo con el Motociclista éste, que la verdad hasta miedo daba, pues parecía bastante agresivo, al poco tiempo nos pudimos dar cuenta que era igual a nosotros, ni más ni menos, pero ya estaba hecho, teníamos que hacer el trabajo si queríamos aprobar el curso de Teología, casi al final del ciclo, y sin ninguna exoneración en los exámenes ni en las clases como otros, llegó la hora de exponer nuestro trabajo, habíamos trabajado duro, leímos muy interesados las teorías de Santo Tomas, y en realidad el trabajo se limitaba a exponer tales teorías, nos dividimos el trabajo y dejaron que yo haga las conclusiones, y que finalmente nos parasemos los tres frente al auditorio para ser sometido a las interrogantes del público compuesto por todos nuestros compañeros universitarios y por las incisivas preguntas del Padre Zanga; la exposición fue un éxito, la mirada de aprobación del Padre al mover afirmativamente la cabeza en cada intervención así lo indicaba, había llegado el momento de las conclusiones, en mis manos tenía las tarjetas que me ayudaban a recordar y con su ayuda recordé brevemente la exposición que acababa de terminar sobre Santo Tomas y las pruebas de la existencia de Dios, y concluí en que Dios no existe, que cada cosa que se decía en esas teorías había terminado por retroceder nuestra imaginación respecto de las cosas de éste mundo hasta llegar al punto en que se debe “suponer”; pues no existe nada conocido que pudiera crear lo siguiente, esa ignorancia, nos hace suponer que ese ser es el creador, esa fuente inagotable de energía capaz de crear todo el mundo y todo lo que está sobre él, pero solo es eso, ignorancia, es un no saber que mas hay detrás en la historia, ésta es solo una teoría, y debemos tener en cuenta la teoría evolutiva, o la teoría de la existencia de extraterrestres, la que por supuesto afirmo hasta hoy, y por lo tanto, Dios no existe, ha sido creado en la mente de las personas para tratar de explicar aquello que aun no entienden, y como es tan grande le llaman Dios. Nuestra exposición fue tan buena que creo que muchos de los que estaban sentados empezaron a creer en nuestra teoría y a dudar de la existencia de Dios, con la desaprobación pública del Padre Zanga, aprobamos el curso de Teología y seguí mi carrera, absortamente seguro que Dios no existe, conocí a una chica en la Universidad, era linda, pequeña, su cabello ondulado, su tez blanca y sonrosada, su sonrisa limpia, su nariz achatada y risueña, su mirada profunda y una personalidad especial, era un imán para las personas, estoy seguro que no era el único que la veía así, amiguera como ella sola, toda la Universidad era amiga suya, las chicas más bellas de estudios generales la acompañaban, era la líder, era ella quien aconsejaba a las amigas cuando tenían un problema, era ella quien resolvía los problemas espirituales de todo el mundo, tenía la capacidad de escuchar y de dejarse escuchar, hubiese sido fácil enamorarse de ella, pero ese no era el punto, ella era la mejor amiga que cualquier persona hubiese deseado tener, poco a poco fui entendiendo el por qué de su personalidad atrayente; su vida había sido sometida o bombardeada con varios tipos de enseñanzas, la doctrina cristiana, la Gnosis Cristiana, Mahikari, Metafísica, Física Cuántica, Chamanismo, Imposición de Manos, etc. Eso tal vez la había hecho la persona que era, eso la había hecho ser tan especial, ella fue mi sostén en los peores momentos de mi vida, se convirtió en mi mejor amiga y yo me convertí en uno de sus más fieles confidentes, ambos nos buscábamos para contarnos los más difíciles sentimientos y situaciones, con ella y su mamá empecé a estudiar “Gnosis Cristiana”. Empecé a conocer mis poderes ocultos, quería empezar a manejar mi mente, estudié mi cuerpo desde ese punto de vista, y me empezaron a hablar nuevamente de Dios, por supuesto lo negué más de tres veces, más que Pedro antes de que cante el Gallo, me convertí en mejor persona creo, aunque sin creer en Dios, una frase que me enseñaron los profesores Gnósticos fue: “NO DUDES; LAS DUDAS TE HACEN PERDER ENERGIA, SI NO CREES EN DIOS, PUES NO CREAS EN DIOS; PERO NO DUDES”, pero ellos si creían en Dios.
Cuando habían pasado algunos años y yo tenía como veinte de edad, tenía una enamorada, su nombre lo obviare pues no tiene sentido exponerla, su descripción es fácil, rubia, de un metro sesenta de estatura o tal vez menos, caderas muy torneadas y bonita figura, de tez blanca y cejas pobladas, de risa potente y de carácter fuerte e imponente, nos juntaban nuestros problemas en común, la supuesta indiferencia de nuestros padres por su trabajo, la soledad, el gusto por los perros y todo tipo de animales, en fin. Ella a la que llamaré María Rosa, se había convertido en el amor de mi vida, no podía pensar en perderla, los años que llevábamos juntos así lo comprobaba, aunque el destino nos tenía preparados caminos distintos aunque nosotros no lo sabíamos. Por su carácter discutíamos más de mil veces, pero ambos manteníamos vivo el único salvavidas que teníamos, que era el uno del otro, a pesar de los problemas, pero no podíamos negar que nos hacíamos mucho daño, y que ya ni ella ni yo estábamos conformes con la relación, ya no éramos felices, una de esas veces en que tuvimos una discusión muy fuerte y terminamos por enésima vez, ésta vez como muchas veces, si era la definitiva, salí corriendo de su casa; al salir golpeé el poste de alumbrado público y lesione mis nudillos, seguí caminando sin rumbo, mientras lloraba en silencio, no quería que nadie me vea llorar, pero no podía evitar que las lagrimas salieran por mis ojos cual veta abierta, incontrolable, sentía que cada persona que pasaba me miraba y me daba aun más rabia, bajaba por La Alameda y las palmeritas pequeñas de los lados golpeaban sus ramas sobre mí. Pronto divise la Parroquia “Espíritu Santo” y de inmediato pensé que era un buen lugar para llorar a moco tendido mi desgracia, ahí nadie me vería como vicho raro.



