[Estos relatos de la vida diaria] COMO NEGAR LA EXISTENCIA DE DIOS (Parte 1)

 

Cuando era niño, recuerdo que era muy creyente, muy religioso, apegado a las normas de la Iglesia Católica y los Diez Mandamientos, pedía ir a Misa los domingos, y aunque mis padres nunca fueron aquellos que se rasgan las vestiduras cada domingo, recuerdo haber ido mucho a Misa de Muertos o por el descanso eterno de aquellos. La verdad, nunca me aguante mucho la Misa, al final, era un niño, y como tal no podía estar mucho tiempo quieto, sin embargo, pese a ello, siempre escuchaba los mensajes del sacerdote con atención, me gustaba aun más si hacía sorna de ello, si les llamaba la atención a mis padres por como nos trataban en casa, con bromas que solo él y mis padres entendían, y por supuesto yo, que miraba con mirada cómplice al sacerdote y luego a mi mamá, como diciendo, - ves, el también sabe lo que pasa en casa -.


Yo era; creo; un niño normal, jugaba en la chacra con mis primos casi todos los días, imaginándonos Tarazan en plena selva, o jugábamos a la pelota con ellos y mi hermano, alucinando que éramos como algún jugador de futbol de esa época gloriosa en que Perú estaba en un Mundial; para ser franco, no sé bien si llegó al mundial o era solo una eliminatoria, pero veíamos reunidos en la sala de mi casa los partidos de la selección peruana contra otras selecciones, y para mi, a esa edad era que mi equipo estaba en el Mundial, pero ese no es el tema.

En el colegio, era más bien introvertido, era un alumno regular, no era el primero de la clase ni pretendía serlo, pero tampoco era el último, era más amigo de mi compañero de carpeta que del resto del grupo, cada año cambiaban de compañero de carpeta y cada año justo ese, era mi mejor amigo, creo que por alguna razón los ponía Dios en esa carpeta, hubo un año en que me dio por escribir poemas y canciones, por alguna razón todas tenían como mensaje mi amor a Dios, felizmente a mi compañero de carpeta también le gustaba escribir y cantar, así que pasábamos los recreos enteros escribiendo en aquel cuaderno perdido y cantando a voz en cuello como dos predicadores absortos en su religión sin pensar en nada más.


Por alguna razón, y como en toda familia, nunca faltaron los problemas en el hogar, discusiones entre mis padres, peleas con mi hermano y a veces con mis primos, líos de faldas, malas costumbres, machismo e incomprensión, el trabajo de mi Padre que lo absorbía por completo, el llanto de mi Madre por los problemas, en fin; éramos una familia normal. Pero aquellos problemas marcaban mi vida; mi alma frágil sufría por cada embate de problemas; mi espíritu sufría con el llanto de mi madre, así que cada noche le pedía a Dios en mis oraciones que alivie esas penas, que resuelva esos problemas… Mis padres hablaban de Divorcio, mi hermano nunca los tomó en serio, yo sí. Y entonces le rogué a Dios que nos salve, que nos cubra con su manto de paz, pero esa paz nunca llegaba… Pasó el tiempo, y aprendí a vivir con esas problemas, aprendí a alejarme de aquellos, pero nunca pare de sufrir, así crecí y cuando tenía once o doce años, no lo recuerdo bien, pasó un episodio que marcó mi vida, se acercaba la Navidad, nunca hay mejor fecha que esa, pues aquel día se recibían regalos, y por supuesto se daban regalos, se repartían tarjetas casa por casa, era todo un ritual de navidad, se armaba el nacimiento y el árbol de navidad se llenaba de luces; yo había juntado dinero para comprar una cajita musical para mi Mamá, que era el ser más importante de mi vida, esta vez le compraría una roja, con espejo, forrada en terciopelo y con una imitación de gema roja en la tapa; ya la había visto; la había escogido meses antes, cuando iba al mercadillo, siempre la veía muchas veces sin que mi madre se diera cuenta había preguntado insistentemente el precio y ya casi me alcanzaba. Un día antes de Navidad, conté sobre mi cama todas las monedas que había juntado, fui a la tienda y las cambie por un par de billetes, ya todo estaba listo, aquel día le compraría a mi madre la cajita Musical más bella del mundo, me aliste rápido, pedí permiso para salir y salí rumbo al Mercadillo “28 de Julio”, fui de frente al puesto en que vendían la dichosa cajita, pregunté pero dude antes de comprar, podía existir una más bella, así que decidí caminar, recorrer cada pasillo y cada puesto y buscar la más hermosa, eso me tomó casi toda una mañana, pero la encontré, la Cajita más hermosa del mundo estaba frente a mis ojos, le pedí al vendedor me la muestre; que la pruebe, escuche la dulce melodía que emanaba de su caja de resonancia, me refleje en el espejo interior y fui absolutamente feliz, pensando en el rostro de mi madre al recibirla el 25 de diciembre en la madrugada, justo después de cenar el pavo navideño; - envuélvala señor, la llevo, - fueron mis palabras mientras metía mis manos en los bolsillos para sacar los billetes, pero fue en vano, no los encontraba, me desesperé, empecé a sudar frio, el vendedor ya había terminado de embolsar el regalito y me miraba con cara de que perdía el tiempo, como diciendo, - apúrate que tengo muchas cosas más que hacer -. Puse todos mis bolsillos en el mostrador de vidrio, mis papeles gastados, mi boleto del micro de la línea siete, mis bolitas de vidrio, la billetera de tela que me encontré en Lima a la que le busque en cada recoveco sin encontrar los benditos billetes que ya en mi mente se habían convertido en “malditos”. Mire con los ojos llorosos al vendedor, y disimulando y escondiendo aquel llanto, le dije - espere, debe ser que he olvidado el dinero; discúlpeme, regreso en un momento, no lo vaya a vender -, y salí corriendo, las lagrimas ya empezaban a correr por mis mejillas, corrí y corrí por esos pasillos tropezándome con la gente, empujándolos de rabia, como si en cada choque desfogara en algo el calor y la rabia que tenía dentro. Busque un lugar, no recuerdo bien donde; fue en un parque o algo así, miré al cielo y grite fuerte ¡¡¡¿por qué?!!!, ¿por qué me haces esto a mi?, ¿qué te he hecho?, si te he dedicado toda mi vida a ti, te he hecho canciones, he orado todas las noches, voy a misa, ¿por qué me haces esto a mi?, ¿por qué me haces sufrir así?, - Empecé a recordar todos los incidentes pasados en mi casa, mis notas regulares, el alejamiento de mi Padre por su trabajo, el probable divorcio de mis padres, el llanto de mi madre, mi vida entera pasó ante mis ojos en esos segundos, minutos u horas, no lo sé, solo recuerdo que ese video era solo de los peores momentos de mi existencia, y casi casi, eran todos los momentos de mi vida, de mi corta vida; estaba enojado, irritado, decepcionado con Dios; Dios me había fallado o simplemente había estado perdiendo el tiempo y la verdad era que Dios no existe, y nunca existió.

Baje la mirada y mire al mundo alrededor mío; algo había cambiado; mi cabeza estaba llena de duda y rabia, tomé nuevamente la línea siete, iba parado y tomado del tubo para no caer, mis lagrimas no dejaban de mojar mi rostro; en mi cabeza recordaba aquel sueño de ver a mi madre sonreír en Navidad al recibir el regalo que yo le daba, y luego veía como se desvanecía ese recuerdo jamás vivido como una burbuja de jabón.

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04 2009

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