Hay días sombrios, y otro días radiantes… Hoy amaneció nublado, con una pequeña llovizna casi imperceptible pero que humedecía con su rocío el parabrisas del auto mientras llevaba a mi hijo al Colegio para que asista a su ultimo día de clases antes de salir en vacaciones forzadas por la bendita Gripe AH1N1. Mientras conducia sentado frente al volante tuve la sensación de estar solo, mi hijito iba callado, como si percibiera que debía contribuir con esa extraña sensación de soledad. El día estaba más sombrío que nunca, un rayito de sol era un pedido imposible para Dios el día de hoy, pues la naturaleza había preferido gritar melancolía.
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